|
Leyendas del Norte
de Chile
Desierto, pampa, ríos, mar. Contrastes de nuestra
loca geografía que distinguen a la zona norte de
nuestro Chile. La imaginación de los hombres en
estás duras y solitarias tierras han dado origen a
leyendas sobrenaturales, reflejo de una cultura que
se resiste a desaparecer.
"Leyenda de los Payachatas"
 |
|
Lago Chungará
|
Esta es una leyenda Inca que cuenta la historia de
dos tribus enemistadas. Las constantes peleas y
discusiones por las tierras hacían su convivencia
casi insostenible.
Un día, el destino quizo que el Principe y la
Princesa de los respectivos poblados se encontraran.
Desde ese instante comienza a crecer un amor puro y
sincero superior a los conflictos de sus pueblos.
Cuando las familias se enteraron de este romance no
podían comprender lo que sucedía. El odio
irreflexible imposibilitaba ver que esta relación
podía traer la paz y la unión.
Ambas tribus se afanaron en aconsejar e impedir la
cercanía de los príncipes, a través de la magia, sin
embargo, no tuvieron éxito.
Era tanto el amor de la pareja que hasta la
naturaleza sentía pena por ellos. Las nubes y la
luna comenzaron a llorar. Los lobos aullaban y las
tormentas cayeron sobre las tierras, advertencia de
los dioses para ambas tribus.
Mientras la naturaleza volcaba su fuerza para que
los poblados cambiaran de actitud, ellos realizaban
toda clase de artilugios para romper con el amor de
los jóvenes. Tan inútiles resultaron los esfuerzos,
que los sacerdotes decidieron sacrificarlos para que
nunca llegaran a estar juntos. En una noche oscura y
sin luna los príncipes fueron asesinados.
La fuerza de la naturaleza se hizo presente, llovió
y llovió por días y noches. Las lluvias, cada vez
más intensas, fueron acompañadas de truenos y
relámpagos que asolaron la región.
Las dos tribus desaparecieron, producto de las
inundaciones y en lugar de ellas aparecieron dos
hermosos lagos por donde se ha visto pasar en
pequeñas canoas a los dos príncipes finalmente
juntos.
Los lagos creados por las intensas lluvias son el
Chungará y el Cota-Cotani.
La naturaleza no contenta con este homenaje, puso en
el lugar de las tumbas de los jóvenes dos volcanes:
El Parinacota y el Pomerame.
La Añañuca
En un tiempo lejano, muchos antes de la
Independencia, el pueblo Monte Patria, ubicado en la
provincia de Limarí, se conocía con el nombre de
Monte Rey, bautizado de esta manera por los
españoles. En este lugar vivía Añañuca una
hermosísima joven que era cortejada por casi todos
los jóvenes del pueblo. Ninguno había sido capaz de
conquistar el esquivo y reservado corazón de
Añañuca,
El tiempo pasaba tranquilo para Añañuca, hasta que
un día asomó en el poblado un extraño minero,
buenmozo y gallardo quien iba en busca de un tesoro
perdido.
El minero al ver a Añañuca quedó impresionado con su
belleza y decidió quedarse en Monte Rey. Ambos se
habían enamorado.
Pero una noche el joven tuvo un extraño sueño. Un
duende de la montaña le dio a conocer en ese sueño
el lugar exacto donde se encontraba la veta de la
mina que tan obsesionado lo tenía. Sin pensarlo dos
veces decidió partir en su búsqueda.
Añañuca esperó y esperó a su buenmozo y gallardo
minero. Sin embargo, él no regresó. El espejismo de
la Pampa se lo tragó.
La joven vivía sin consuelo hasta que finalmente
murió de una infinita pena amor. Añañuca fue
sepultada por la gente de Monte Rey en un día de
fuerte lluvia.
Al día siguiente el sol alumbró y el valle como por
arte de magia se llenó de bellas flores rojas, las
que hoy se conocen con el nombre de Añañuca, en
honor a la joven.
A la Añañuca (Hippeastrumsp) la llaman también flor
de sangre. Abunda entre Copiapó y el valle de
Quilimarí. Crece después de las breves lluvias
durante el llamado Desierto Florido.
Leyendas de piratas
En 1578 el corsario Sir Francis Drake descubrió la
bahía de Guayacán, conocida popularmente como bahía
de la Herradura por la forma geográfica que toma.
Este lugar fue el refugio y punto de reunión de
muchos piratas entre los que destacan Thomas
Cavendish, Jorge Anson, Bartolomé Sharp, Eduardo
Davis y John Hawkins, todos ellos, incluyendo a
Drake, expertos en asaltar y emboscar galeones
españoles que transportaban los tesoros y riquezas
que eran llevados desde América a Europa. Los hechos
que se sucedieron en la bahía de Guayacán fueron tan
extraordinarios que llegaron a transformarse en
leyenda, siendo los relatos de tesoros los más
conocidos.
Según cuentan uno de esos barcos piratas, que
cruzaban el Estrecho de Magallanes o daban la vuelta
por el Cabo de Hornos, dejaron enterrado un
increíble tesoro.
Numerosas han sido las excavaciones realizadas para
tratar de encontrar las riquezas sepultadas en algún
lugar de la bahía de Guayacán. Pero los resultados
han sido infructuosos.
La tradición cuenta que los corsarios del siglo XVII
enterraron grandes tesoros. El objetivo de los
buscadores ha sido encontrar el tesoro y descubrir
una mina de oro que fue trabajada por los propios
piratas.
-
El tesoro del "Santiaguillo"
En el puerto de Los Vilos fondeó un día el barco
español "Santiaguillo". En él venían tesoros
fabulosos procedentes de Perú. Una de sus lanchas,
cargada de valiosas riquezas encalló. El mar y el
tiempo se encargaron de sepultar el tesoro en la
playa.
Relatan algunos pescadores que extraen sus productos
en la zona que han visto una embarcación llena de
tripulantes, asegurando que son las almas de los
marineros del "Santiaguillo" que no han sido
sepultados y que piden descanso. El descanso según
la leyenda llegará para esas almas cuando alguien
descubra el tesoro.
-
El tesoro de sir Francis Drake
La cueva del más famoso de los piratas que llegó a
Chile se encuentra en el sector costero de Laguna
Verde, en la V Región. Ahí entre quebradas y
roquerios escondía sus tesoros. Los pescadores dicen
que no se puede entrar. Una de las entradas a la
cueva se abría en Valparaíso, en la calle Esmeralda.
Cuentan que ese lugar estaba habitado por un chivato
monstruoso de singular fuerza que salía en las
noches a atrapar a cuanto incauto pasaba por la
zona. Los llevaba a la cueva y se encargaba de
volverlos locos. Además hay versiones que agregan
que el chivato tenía encantada a una muchacha y
quien osara desencantarla debía correr ciertos
riesgos.
|